Ya he perdido la cuenta de cuantas cuentas y por tanto usuarios y claves he creado y ‘memorizado’ y últimamente pulso más el botón de ‘he olvidado mi clave’ que el de ‘iniciar sesión’ en algunas de ellas. Será la edad. Si añadimos las claves de router, wifi, pin de teléfono, pin de la tarjeta, etc. ya la cosa se pone seria.
Por otro lado continuamente nos advierten de los peligros de usar la misma clave para varias cuentas y/o usar una clave típica o conservar las claves que por defecto tienen algunos productos. Los ataques de fuerza bruta basados en diccionarios se aprovechan de la debilidad este tipo de claves (como marzo10 o 123456) para acceder a nuestras cuentas. Simplemente prueban de manera sistemática todas las combinaciones similares en función de una base de datos de palabras típicas. Es una cuestión de tiempo dar con la adecuada.

Hay que evitar también claves como nombres de familiares, equipos, matrícula del coche, relacionados con el usuario, con fechas, palabras pronunciables o que puedan figurar en un diccionario, etc. e intentar usar números y otros caracteres además de letras. La mezcla entre mayúsculas y minúsculas es también aconsejable.
Pues bien, múltiples cuentas y a la vez tratar de usar claves más robustas hace que tratar de recordarlas todas se convierta en poco menos que imposible, sobre todo cuando muchas de ellas las usamos solamente de vez en cuando. Para ayudarnos en la gestión de todo esto existen aplicaciones que permiten gestionarlas. Se trata de bases de datos seguras en las que podemos almacenar todas nuestras cuentas y las parejas usuario/clave de manera, todas ellas están a su vez (horror) protegidas por una clave única que permite el acceso a esta base de datos cifrada. Un ejemplo de este tipo de utilidades es Keepass, muy bien resuelta, multiplataforma y además gratuita.
Sin embargo yo le veo alguna desventaja. Para empezar requieren cierta disciplina para tenerlo todo sincronizado o instalar una serie de plugins que facilitan la tarea para las aplicaciones web. Otro inconveniente es tener que recordar una clave de acceso general, y ésta más nos vale que sea bien robusta. Por último, y aunque hay versiones portables, puede ser que no lo tengas a mano cuando lo necesites.
¿Qué otras opciones hay? Me gusta la idea que usan algunos bancos desde hace unos años. La tarjeta de claves. Se puede llevar en el bolsillo y sólo nosotros sabemos como se interpreta. En esta línea me ha gustado leer en LifeHacker un post sobre una aplicación web que nos genera nuestra propia tarjeta de claves, se trata de PasswordCard.org.

Se puede imprimir con el tamaño de una tarjeta de crédito y plastificar para llevar en la cartera. En la página se da alguna sugerencia sobre como usarla, pero cada cual se puede inventar su propio método. Por ejemplo asociar uno de los símbolos superiores a un tipo de cuenta (el sol a nuestra cuenta en el trabajo) y luego una estrategia para buscar la clave (en diagonal empezando por la linea verde). En definitiva, la combinación que más nos guste.
También esta opción tiene inconvenientes. Si bien las claves son muy robustas, son dificiles de recordar y puede que tengamos continuamente la tarjeta en la mano. Y, aunque más fácil que recordar una clave, hay que recordar como ‘leer’ la tarjeta.
¿Qué es lo más aconsejable? Mezclar varias técnicas, sentido común y cambiar las claves con cierta frecuencia.
Vía LiveHacker
Foto It’sGreg’s